Los paseos de grupo en el colegio generalmente son una gran experiencia para muchos estudiantes, se pasa con amigos, se disfruta, se goza, se pasea... pero ese no es el caso mío. Durante los años estudiando en el colegio he sabido cargar además de ropa y objetos personales, un karma a los paseos grupales dentro de Colombia. Y no crean que es de que me pasa algo malo un día; no, es un karma fijo para todos los días que dure el paseo, ya sean 5 días, una semana o un mes completo (el cual menos mal y a D-s gracias no ha sido el caso).

Karma se supone que sucede cuando alguien hace algo malo, eso malo se le devuelve, pero yo me pregunto: ¿POR QUE PUTAS ME PERSIGUIÓ EL KARMA EN ESTOS PASEOS? Siempre traté con respeto a mis demás compañeritos de clase, al contrario, varios de esos compañeritos fueron los culpables de mis momentos de tensión durante años escolares, y por ende de migrañas que me llevaban a la cama. En este momento no quiero mencionar nombres, porque de algo estoy segura, y es que me he encargado que a varias de estas personas les persiga el karma de una u otra forma y les devuelva los años angustiosos que me hicieron sufrir en el colegio. Perdón, ¿en donde íbamos? Ah, sí, ¡los infames paseos de integración! Pienso que es interesante compartir estas experiencias con personas que encuentren algún sentido del humor en aquellas, ya, que como alguna vez le dije a mi mejor amigo: “Hasta cierto punto me agrada saber que mi sufrimiento y desdichas del pasado son motivo para hacer reír a alguien querido en el presente”.

Espero llenarme muy pronto de valor y fuerza para poder morderme los labios y comenzar a recopilar esos "pormenores" escolares...

Ánimo, ánimo...