Son muchos los momentos en los que me pongo a pensar sobre mi vida, y mas que todo a cuestionar mi existencia en este mundo, el cual de por cierto esta siendo destruido por la propia humanidad. No solo hablo de las guerras que ha habido, están sucediendo y de las futuras, sino también de la naturaleza. Me encuentro viviendo en una ciudad demasiada fría, donde a veces hay uno que otro día que se siente como la primavera, mas no es suficiente para compensar aquellos vientos helados que parten caras descubiertas y deprimen a la gente. Es por esta época cuando entristezco mas y pienso en mi pasado y como he cambiado, no solo físicamente pero mentalmente y emocionalmente. Mi personalidad ha enfrentado una transformación excesiva, si eso es…excesiva. Gracias a mi memoria fotográfica, aun guardo memorias muy vividas de mi tiempo en el colegio. La mayoría de ese tiempo fue sufrido, y casi me lleva a volverme una persona destructiva. No tengo ánimos de dar detalles, porque tengo una confusión. En mi mente hay un caos organizado y solo fragmentos están siendo transportados a mi movimiento en manos y dedos para expresarlos en papel. Nadie mas sabe esto, y la única forma de sacarlo de dentro de mi es escribiéndolo. Recuerdo que en el entierro de mi abuelita en el 2001 en Bogota, lo único que yo podía hacer era pellizcarme seguido mientras ocultaba las lagrimas que salían de mis ojos tapados por unos lentes oscuros. Me pellizcaba porque en mi inmadura mente en esa época solo creía que cosas malas le pasaban a otra gente, pasaban en otras familias, no en la mía. Pensaba que el cáncer solo era una enfermedad maligna que le sucedía a personajes en novelas. En aquel momento solo quería despertar de una terrible pesadilla, pero no fue así. Y en estos momentos aun llorando recuerdo cuando la vi morir en su casa. Yo estaba recostada al pie de ella mientras dejaba de parpadear. No cerraba sus ojos, y en ese momento supe que aquella teoría de que antes de morir vemos nuestra vida recrearse ante nosotros, es verdad. Su mirada se perdió en lo infinito durante su ultima hora de sufrimiento. Ese ser hermosos estaba en el ultimo viaje de su vida, yo estaba junto a ella. No se en estos momentos si tener memoria fotográfica es una bendición o una maldición. Tengo aquellos últimos momentos grabados nítidamente en mi mente, e incluso después de casi cinco años cuando cierro los ojos antes de dormir me es obligatorio repasar aquellos momentos. La verdad no me había dado cuenta de esto, pero ese momento el cual desnuda mi alma mostrando el gran hueco que tengo, es el momento divino en el que pase de ser una niña inocente a una mujer defensiva. Me di cuenta de que la vida es frágil, y hay ciertas personas que por envidia quieren destruir lo que no tienen. Hay personas tan malignas que le desearían la muerte a su semejante, volviéndose victimas del veneno de la envidia. Tal vez para aquel que lea esto nada de lo que he escrito tenga sentido. La verdad es que ni me interesa hacer buen uso de puntos y comas, solo quiero desplazar mis dedos en las letras. El recuerdo de aquellos pellizcos y golpes que yo misma me di me hacen recordar que si hay cosas peores en la vida que le pueden suceder. Quien putas dice que no soy una buena escritora? Uno escribe primero para uno y después para el resto. Si recuerdo en un capitulo de un programa de televisión que veo, uno de los personajes es escritora. Este personaje solo escribía sobre anécdotas de su vida, no era capaz de cruzar la línea que lleva a la ficción Su remedio fue volver a sus raíces judías, volver a su hogar y recordar un evento, el cual no se sabe aun, que paso en su niñez el cual la cambio para siempre. Creo que mi punto es que debemos usar ficción en nuestras vidas, no tiene nada malo esta despierto pero aun imaginar que seria si en realidad la vida es un sueño y cuando morimos despertamos de aquel. Si, en estos momentos esta lloviznando, estoy en la oscuridad de mi habitación y creo que con esto he superado el mal de la decepción que me había sido inyectado repentinamente hace unas horas atrás. Me estoy terminando de desintoxicar, sin haber golpeado la pared, sin haberme castigado a mi misma por los errores. Tal vez un día como este se repetirá, quien sabe, solo espero estar dispuesta a enfrentar el envenenamiento de nuevo en vez de dejar que termine de correr por mi sangre hasta consumirme lentamente y morir de desilusión. Por otro lado, creo que he encontrado a mi salvador...